Meri Yein corre
Altiva por el recinto,
donde la música
revienta los tímpanos
y otras sustancias
el corazón.
Meri Yein
es libertad
hecha mujer.
¡Ay Meri Yein,
quién pudiera
tenerte otra vez!.
Meri Yein desborda
alegría mientras el
resto de la banda la
admira, con esa gran
risa de labios carnosos
que saben a miel;
y esos ojitos chinos
que ni se le ven
Ay Meri Yein,
disco gris,
a mi parecer, que
se deja envolver
en la vorágine
aferrándose a la
vida por instantes.
Muriendo de repente,
resucitando al anochecer
Meri Yein sigue, no para.
Bailando despreocupada
entra y sale de la barra
derramando cataratas
de alcohol sobre
témpanos diminutos
que se derriten en
bocas secas de
tanto hablar, en
miradas perdidas
de tanto contemplar.
¡Meri Yein no se acobarda!
Se larga de casa las veces
que haga falta. La vida
es su única morada.
Y cuando le da la
gana busca refugio
en pieles extrañas.
Meri Yein:
Yo que desde la arena ví
como a tu pecho desnudo
lo acariciaba el viento
Quise ser humo…
y me invitaste a fumar.
Yo que bajo el toldo ví
como por tu piel mojada,
el mar buscaba el camino
mas corto para llegar
a tu ombligo.
Quise ser flujo…
Y me invitaste a besar.
Meri Yein:
Yo que todo
el placer
quise darte,
que deseaba
sudar contigo
al compás de
los versos
de Moraes.
Quise ser estaca…
y me quedé dormido
en la alfombra,
abrazando gatos.
Vencido por un
inútil sueño,
soñando inútilmente
ser el viento que
una vez acarició tu cuerpo.


