Metí la última moneda que me quedaba en la máquina expendedora y pensé en decirle que el mejor de los futuros sería uno que nos tocase vivir infinitas veces; pero habría sonado pretencioso. ¿Por qué no hacer de esto un espectáculo? dijo ella mientras subíamos los cuarenta pisos por la escalera de incendios.
Finalmente sentados en la azotea de aquel edificio, abrió la bolsa de chucherías y tomó mi mano.
Habíamos dejado atrás las dudas, los miedos, los rencores.
Apreté la mano, a lo lejos pudimos ver como empezaba a disolverse el horizonte.
4 julio, 2011
Fin
Posted by G. D. Rincón under Relatos | Etiquetas: Bola de fuego, fin chucherías |Leave a Comment


