Poesía


Una montaña de polvo escalan los desconcertados,

Demonio con cabeza de serpiente

acecha entre la maleza.

Saca la lengua, saborea el aire.

Desde la cima se ven campos de humo.

y las nubes colapsan encima de ellos.

Los recuerdos disueltos, convierten el evocar

en una simple acción sin sentido alguno.

 

Una puerta de polvo corona  el valle,

Demonio con cabeza de serpiente preside la entrada,

y los desconcertados lanzan mares de carcajadas.

Las miserias no son las mismas; pero en fin,

esta bien saber qué hay para repartir.

Una montaña de polvo,

un campo de humo,

una puerta de entrada.

Mercedes ya no se baña,
Mercedes se fue con otro.
No siente, no me extraña.
Yo intento “ser o no ser petróleo”

Pensé en todas las deudas,
las propias, las ajenas,
las que fueron, las que faltan
las que nunca han tenido dueño.

La gran barra de madera
soporta una piel tiesa.
Las uñas clavadas,
una barbilla babeada

Pero después de varias cervezas
que agradable se vuelve esta mierda
la cabeza gira, las piernas pesan
nada que interese alrededor queda.

Sólo música de fondo,
penetra tímpano,
martillo, tambor.
Bendita trompa agotada
¿Y Eustaquio?. Descansa

Durante el descanso

balancéate en el hoyo,

deja que las bestias

mastiquen tus nervios y mamen tus ojos.

Recojo las sobras,

y sobre tela y canto

yo, salvaré tus piezas

para hacer de ti manto, para hacer de ti tierra.

Y al final extenderte

en las praderas de la inconsciencia.

Recostado sobre el lienzo

masturbo siete veces mi locura,

para correrme de pensamientos

para inundar tu llanura.

Que sangre y hueso tomen parte en la fuga

de estas estúpidas y corruptas costuras.

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