Un encantamiento. El príncipe, maldito por negarse a mantener relaciones sexuales consentidas con la hechicera del pueblo, fue convertido en una ranita tropical. En un abrir y cerrar de ojos, con efecto especial de flash y todo. Tachís. Rana, así de sencillo; pero no por ello menos espectacular.
Que sorpresa. La princesa, – todo príncipe tiene su princesa – que tenía muchos contactos, se enteró de tan vil jugarreta y sin pensarlo, montó su palanquín, recién traído de oriente y salió al rescate con su séquito. – esclavos incluidos en el pack- Había leído en muchas ocasiones que la mejor manera de contrarrestar el efecto es a base de besos de amor.
Encuentro. Llegó al bosque fresca como una lechuga. No se ha dicho pero es evidente que el palanquín lo tiraban los esclavos. – toda princesa tiene sus esclavos y entre otras cosas, para eso los utiliza - Al encontrar a su amado príncipe rana detrás de una piedra lloró de alegría. Finalmente tenía lo que quería. Le juró que al revertir el maleficio lo colmaría de poder y riquezas. Incluso rana, estaba hermoso, de un color azul brillante y llamativo.
Desencuentro. Lo tomó entre sus delicadas manos y le estampó el beso más amoroso de todo el reino. Lo que nunca supo nuestra heroica princesa cuando empezaron las convulsiones, víctima de una poderosa neurotoxina, es que la hechicera – que también resultó ser la cuentista.- había transformado al príncipe en una Dendrobates Azureus = rana flecha azul. Desde entonces se popularizó el dicho de encontrar a tu príncipe azul – sin morir en el intento.-
Desencanto. Cuentan que en los días soleados, aún se escucha, en el bosque del reino, el dulce cantar del príncipe rana. Esperando en el pantano.




