Me entretuve analizando el plan de evacuación mientras esperaba. Contemplé diversas situaciones. Desde mi ubicación en el plano había acceso a tres salidas de emergencia y una alarma. No lo tenía nada mal. En mi cabeza sonaba un viejo disco de Baby Huey
En el aviso que me habían enviado, se podía leer en un mismo párrafo, comunicado y comparecencia. Así como la inquietante frase, Error no imputable a la agencia, unas líneas más abajo. Volví a repasar el plan de escape por si la cosa se ponía fea.
Fui informado que la notificación era para entregarme otro aviso que a su vez complementaba el anterior. Quedé prácticamente mudo, sólo podía balbucear un escueto ¿Qué?. La nota que ya no servía terminó dentro de un contenedor de cartón.
- ¿Qué vais a hacer con todo el papel que hay en la caja?. ¿Emitir nuevos comunicados?.
Desconcertado coloqué los auriculares en su sitio, el viejo disco volvió a sonar. Comprendí el por qué del aislamiento en el que vivimos, incluso rodeados de millones de almas, de hecho lo acepté. Todos nosotros, una masa unida, esperando una señal que nos indique lo que tenemos que hacer. Esperando el siguiente comunicado.
Un hombre con un cigarrillo apagado en la mano le hablaba a la basura mientras urgaba en el interior de su miseria. Entré en el primer bar que ví y pedí un café, antes de que le diera tiempo a montarlo, rectifiqué a un whisky. Alguién metió ciento cincuenta euros en la tragaperras. Me pregunto si cree que la máquina le dará lo que espera. Pedí la cuenta, antes de sacar el dinero recordé a Alicia, y la vez que salimos corriendo, huyendo de aquel lugar sin pagar. Prometiéndonos no regresar nunca más.




